Capítulo 2

Lunes otra vez. Mismo desayuno, mismo camino al trabajo y al llegar, las mismas caras largas típicas de un comienzo de semana. Lo que nunca me imaginé es que ese día que había empezado como cualquier otro, iba a terminar diferente a todos los demás.


Había estado toda la mañana corriendo sin tiempo para nada y menos, abrir el WhatsApp para contarles a mis amigas del viaje a Brasil. Decidí entonces no salir a comer para irme a horario. Mientras trataba de tener un almuerzo lo más digno que se puede tener frente a una computadora, el sonido del WhatsApp me distrajo, era un mensaje de un número no registrado, pero mi meta de irme a horario fue más fuerte que la tentación de abrirlo y seguí con lo mío.


Ya casi terminando la jornada laboral, más tranquila, agarré el teléfono para chequear mensajes y ahí estaba otra vez, el número desconocido. Abrí el mensaje, no eran más de cuatro líneas entre las cuáles había una presentación y una invitación a tomar un café. Nunca me voy a olvidar el segundo después de haberlo leído. Me sonreí internamente, asocié que se trataba del amigo de Ale (Mi celestino como lo llamó yo desde entonces) y no sé si fue la delicadeza de esas líneas en un mundo donde cuesta tanto encontrarse, que desarmó de un plumazo todas mis barreras internas y me animé a responderle. Unos segundos después el desconocido ya tenía nombre y le estábamos poniendo contexto a la situación conversando de familia, amigos, la vida. Siempre le digo que él corría con ventaja porque tenía más información previa sobre mí.


La charla estaba tan entretenida que me acompañó las últimas horas de trabajo, el viaje en colectivo y la hora y media de gimnasio al final de día, ¡no podíamos dejar de hablar! Ese primer contacto hicimos un repaso por los 36 años de vida que nos precedieron. Teníamos mucho en común, pero sobre todas las cosas, éramos dos personas que como dice la frase "Andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos.". Ambos habíamos dejado atrás un pasado que dejó marcas, de esas que dificultan el volver a creer o como en mi caso, creer que se puede sola con todo.


A veces nuestro deseo es verdaderamente encontrarnos con un otro, sin embargo, construimos una fortaleza alrededor que no permite el paso de nada ni nadie y es ahí donde está el mayor desafío.


Transcurrían las últimas horas del lunes, ya tenía algunos datos, los suficientes para despertar una voz interior que me decía “¿dónde te estás metiendo?”, pero no me importó, había algo que me entusiasmada, quizás porque hacía mucho no me sentía tan acompañada, incluso a pesar de estar a tantos km de distancia…él lograba eso. Me reía, suspiraba y por momentos aparecía la voz nuevamente: “¿entusiasmada? Si estabas bien sola”. Porque así somos a veces los seres humanos, no nos dejamos pasar una.


Era verdad, no sabía dónde me estaba metiendo, pero por un momento dejé de querer saber y dije vamos a ver qué pasa, que la vida me sorprenda y apagué la luz para dormir, ese lunes fue el comienzo de todo.


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