Capítulo 6

Sabíamos que no iba a ser fácil. Que la distancia podía unirnos más o separarnos definitivamente. Aventurarse a pensar en un final feliz en un panorama tan incierto era digno de una película de Disney.


Por momentos me preguntaba ¿qué estoy haciendo? ¿a dónde voy con todo esto?, del otro lado, la incertidumbre, una palabra con la cual estaba empezando a familiarizarme cada vez más. Él, recién llegado a Londres y comenzando un trabajo nuevo, tampoco tenía respuestas. Un Brexit anunciaba la salida del Reino Unido de la Comunidad Europea, con lo cual, la idea de comenzar los trámites de Ciudadanía Italiana se desvanecían.

Su estadía en Argentina durante esos tres meses, había abierto una gran brecha en mí. Aunque no quisiera reconocerlo conscientemente, ya no era la misma. No tenía la misma energía para eternas jornadas de trabajo y me costaba "jugar" a ser la mujer profesional independiente y autosuficiente. Sin embargo, ese rol se había constituido en un "deber ser" desde muy temprano y era la manera mediante la cual yo creía que obtenía mayor reconocimiento. Me esforzaba día tras día en poder "encajar" en ese rol, un rol que por cierto sostenía una forma de ser y también de relacionarme con los demás. Llevaba conmigo una sucesión de significados y creencias que nunca me había animado a cuestionar y sin duda, dejaban por fuera todo un mundo de posibilidades, en principio, la de encontrarme con un otro, de aceptar ayuda, de aprender a recibir además de dar y de poder mostrarme vulnerable.

Desde muy chica, estuve más enfocada en que las personas a mi alrededor se sintieran bien que en mí misma. Con el tiempo me había acostumbrado a estar para los demás y confundir el estar para mí, con un pequeño espacio los viernes donde no faltara el delivery de comida y tal vez, ¼ de helado. Había desarrollado el “talento" de ocultarme tras la sonrisa, no importaba cuan quebrada pudiera estar por dentro. Muy internamente, podía reconocer que mis deseos eran otros, que necesitaba escucharme de una forma más amorosa, pero todavía, no era capaz de hacerme cargo de esas necesidades.

En medio de esta disputa interna, llegaba él a mi vida, con una habilidad innata para verme mucho más allá de lo que yo decidía mostrarle y desde el primer momento que hablamos, entendió que iba a tener que ser paciente. Para alguien como yo, que toda su vida creyó que para ser amada y aceptada tenía que ser perfecta, era como estar al borde de un precipicio constante, sin embargo y por alguna razón, aún a pesar de lo amenazante que pudiera resultar no poder "esconderme" y mantener la "fachada", me sentía aliviada de que alguien tuviera la habilidad de des-cubrirme.

Había pasado un tiempo desde nuestra despedida. Los primeros días fueron raros, me faltaba nuestra cotidianidad y volver al chat definitivamente no fue fácil. Tenía claro que son pocas las cosas que podemos controlar en la vida, sin embargo, esa ilusión permanecía intacta en mí y cada que vez que podía, intentaba añadir una pizca de certeza a nuestra relación. Así fue como compré un ticket de avión que el 19 de octubre me llevaría a Londres, entonces la distancia tenía los días contados, al menos hasta que el viaje terminara.