El desafío de romper el molde

Todos nacemos con una esencia y un potencial únicos. Sin embargo también es cierto que necesitamos de otros para sobrevivir y ya desde chicos desarrollamos mecanismos para agradar y complacer a los demás (padres, familia, sociedad, amigos, pareja) en búsqueda de reconocimiento y aprobación.

 

Así es como nuestra esencia y potencial va cediendo terreno a las expectativas y mandatos ajenos, que luego se vuelven propios y configuran un molde con una particular forma de ser.

Algunas personas, transitan por la vida sin saber de la existencia de este molde y logran sentirse a gusto. Otras, sin embargo, no logran encajar nunca, sintiendo una pérdida de sentido que lleva muchas veces a una crisis existencial. Yo pertenezco a este segundo grupo de personas.

Desde muy chica experimenté la sensación de no encajar en mi propia vida, sentirme perdida, con falta de entusiasmo, incluso en los momentos donde lograba alcanzar aquello que se suponía "tenía que". Lo más desconcertante eran las alertas emocionales que aparecían en situaciones que yo creía haber elegido, con las cuales me había identificado durante gran parte de mi vida. Situaciones que luego entendí, no tenían valor real para mí pero si un altísimo costo energético y emocional.