Reflexiones en tiempo de cuarentena

Todavía no terminaste de despertarte y desde la cama, le pegas una mirada al celu con el único ojo que pudiste abrir, suficiente para ver los 350 vivos del dia anterior, las 258 rutinas de ejercicio, las clases de yoga, recetas de cocina y todo lo que circula en las redes los últimos días bajo el hashtag #quedateencasa.

Te invade un sentimiento raro pero conocido a la vez, lo dejas pasar y seguís navegando un poco más mientras te preguntas cómo hace la gente para hacer gym en casa y vestirse para la ocasión cuando vos hace tres días no podes sacarte el pijama.


De repente advertís que aquello que iban a ser 5 minutos se convirtieron en 60 minutos mirando la vida de los otros. Te notas ansiosa y no sabes si hacer yoga, leer un libro, meditar, correr o hacer una clase de zumba. La ansiedad crece a la vez que pensas en todo lo que otros están haciendo en cuarentena y vos no pudiste ni sacarte el pijama porque honestamente, no tuviste ganas de nada. Pero sabés qué?, está bien a veces no tener ganas. Está bien si tenes sentimientos encontrados respecto a todo lo que “podrías estar haciendo” pero no haces. El solo hecho de que puedas, no es suficiente razón para hacerlo.


Muchas veces no nos damos cuenta como nosotros mismos convertimos algo en un “deber ser” y dejamos de ver lo que realmente es, “una posibilidad” entre muchas.


En este momento tan especial que estamos viviendo, que nuestro hogar no se imprima del mismo automatismo de siempre. Que podamos conectar-nos con lo más valioso que tenemos y desconectarnos de lo menos importante. Que podamos dejar de mirar afuera para empezar a mirar adentro.