Tres claves para el Desarrollo Personal

Desde muy chica creo que la vida es una oportunidad para manifestar nuestra esencia, lo que nos hace diferentes pero a la vez, únicos, sin embargo, durante mucho tiempo estuve perdida. Sentía que vivía en piloto automático, cumpliendo con expectativas ajenas, pendiente de lo que pensaran de mí o de la imagen que los demás tendrían de mí. Luchaba por alcanzar una definición de éxito creada por otros y trataba de encajar en estereotipos que me representaban muy poco.

Sentía que vivía en piloto automático, cumpliendo con expectativas ajenas, pendiente de lo que pensaran de mí o de la imagen que los demás tendrían de mí.

A medida que fui creciendo, influenciada por mi historia personal y otro poco por los tiempos que vivimos, había construído un ideal de mujer basado en el éxito profesional, que debía ser independiente, sin ningún hombre que coarte su libertad. Me había creído el cuento de la “Superwoman” que puede con todo sola y ponía todo mi esfuerzo en alcanzar el éxito que quedaba comprendido dentro de ese estereotipo. En aquel momento, ese estereotipo significaba para mí no solo ser exitosa, sino Mujer.


Con el tiempo, llegaron las primeras “alertas” en forma de angustia, ataques de ansiedad, dolores de cabeza, pero lo más difícil de sobrellevar era el final del día, cuando el ajetreo diario cedía el paso a la calma y ya no había nada donde pudiera poner mi atención más que en mí. Era en esos momentos donde más perdida me sentía, porque aun a pesar de esforzarme muy duro para alcanzar ese modelo de mujer, no era feliz. Nunca lograba sentirme plena y muchas veces, sentía que estaba caminando justo en la dirección opuesta.


Lo más doloroso de todo, era la sensación al final del día donde a pesar de haber "cumplido” con lo que se suponía tenía que hacer, no era feliz.

Poco a poco empecé a escuchar esas alertas que me decían "no es por acá". Mentiría si digo que ha sido un proceso fácil o terminado. Desidentificarse con viejas creencias o formas de ser, es un proceso que requiere tiempo pero por sobre todas las cosas, valentía para mirarse, aceptarse y aprender a amarse. Hay tres cosas que me ayudaron mucho a comenzar a transitar este camino de desarrollo personal y quiero compartirte.


Revisar la historia que nos contamos internamente


Dice (Covey,1989) “Cuando reconocemos los guiones inefectivos, los paradigmas incorrectos o incompletos que están en nuestro interior, podemos empezar a reescribir proactivamente nuestros guiones”.

Las personas contamos y nos contamos historias para entender quienes somos y el mundo que nos rodea. Estas historias se nutren de la imagen que tenemos de nosotros mismos, nuestro autoconcepto, además de las narrativas de una sociedad y una cultura sobre como debemos ser, lo que se espera de nosotros como hombre o mujer. Estas historias nos dan seguridad, identidad, nos guían, dan sentido a nuestro mundo. Algunas, abren posibilidades y otras necesitan ser revisadas porque ya dejaron de tener sentido para nosotros pero seguimos reproduciéndolas porque operan de manera inconsciente, como verdades que no cuestionamos.


“Cuando reconocemos los guiones inefectivos, los paradigmas incorrectos o incompletos que están en nuestro interior, podemos empezar a reescribir proactivamente nuestros guiones”. S. Covey

Empezamos a reconocer que es hora de revisar esas verdades incuestionables cuando nos sentimos insatisfechos con nuestros logros, que carecen de sentido, cuando estamos buscando un cambio que no se da, sea emigrar, empezar un nuevo proyecto, desarrollar nuevos hábitos o también a través del cuerpo y las emociones.


¿Cómo empezar a revisar nuestra historia?


Lo más importante es hacerla consciente. La escritura suele ser un método muy efectivo para esto y el que a mí personalmente mejor me funcionó. Algunas preguntas que pueden ayudarte para comenzar:

  • ¿Quién soy? Esta pregunta es quizás una de las más difíciles de responder. Solemos comenzar con nuestra profesión, roles sociales y está bien. Con el tiempo, es probable que puedas ir profundizando un poco más y aparezcan creencias sobre quién sos o cómo te ves que poco tienen que ver con tu realidad presente y necesitás actualizar.

  • ¿Para qué hago lo que hago? ¿tiene sentido para mí en este momento? (quizás en algún momento tuvo sentido pero ya no).

  • ¿Qué idea tengo de lo que significa ser una mujer / hombre en la actualidad? ¿Qué cosas quedan por fuera de este relato y son importantes para mí?

Éstas son solo preguntas guías, podés sumar todas las que necesites para tomar consciencia de la historia que te estás contando sobre quien sos.


Cuando nos animamos a cuestionar estas historias, nos damos cuenta de que muchos de esos argumentos de los cuales están hechas, carecen de sentido para nosotros, además de invisibilizar muchos aspectos de quienes somos y lo que realmente queremos.


Comprometernos con nosotros mismos


En mi años de experiencia como coach me di cuenta de que resulta fácil ponerse metas, pero ¿qué pasa después? ¿qué hace que algunas personas logren resultados y otras no? Guiados por el deseo de gratificación inmediata (¡no sé lo que quiero, pero lo quiero ya!), resulta más fácil creer y buscar resultados mágicos que involucrarnos en el proceso que conlleva alcanzar un determinado resultado. Son tiempos donde estamos a un “Click” de todo y hablar de proceso aburre.


Vivimos en una época donde tenemos disponible muchísima información para mejorar

cualquier aspecto de nuestra vida: relaciones, finanzas, salud, desarrollo personal, sin

embargo, diciembre nos sorprende una y otra vez armando una lista de cosas que vamos a hacer pero que no llegan a febrero. ¿Te suena conocido?. La mayoría de las veces sabemos qué hacer o donde encontrar información para aprender cómo desarrollar una habilidad, pero por sí sola la información no se transforma en acción. Para hacer un cambio necesito comprometerme con ese cambio, con ese espacio de posibilidad que aún no existe.


En ocasiones creemos que sólo podemos comprometernos a crear aquello que nuestro sentido común nos muestra como posible o factible para nosotros (por eso es tan importante revisar la historia que nos contamos internamente), sin darnos cuenta que cuando nos comprometemos desde ese lugar, sólo podremos crear más de lo mismo que tenemos.

Son las decisiones que tomamos todos los días las que marcan una diferencia. Vistas en el corto plazo pueden parecer insignificantes porque estamos acostumbrados a ver el resultado final y no el proceso, pero es “esa” decisión sostenida en el tiempo con compromiso la que se convierte en un hábito que genera determinados resultados.


Acompañarse


El camino del desarrollo personal no es algo lineal con un principio y un final. Todo el tiempo estamos creciendo, aprendiendo y desaprendiendo. Algunas veces, más conscientes que otras, pero sucede constantemente. Durante ese proceso es muy importante convertirnos en nuestros mejores aliados, acompañarnos dejando de lado la exigencia, el perfeccionismo o la descalificación hacia nosotros mismos.


¿ Cómo puedo acompañarme?


  • Siendo pacientes.

  • Evitando la autoexigencia

  • Registrando conscientemente cada paso y cada logro, por más pequeño que sea.


El camino del desarrollo personal no tiene atajos, hay que transitarlo y vivenciarlo en primera persona. En la medida que aprendamos a revistar con frecuencia aquellas verdades que nos definen, acompañándonos con compromiso en ese proceso, estaremos dando paso a una de las posibilidades más hermosas de la vida, brillar con luz propia.



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