• Por Flor Vazquez

¿Vivís a-propósito?

Hace muchos años, buscando un tipo de terapia diferente a las que ya había probado, leí por internet sobre las personas que tienen la sensación de no “encajar” en ningún lado, de vivir en piloto automático o mejor dicho de estar sobre-viviendo. Inmediatamente me sentí identificada.

Aunque “aparentemente” todo estaba bien en mi vida yo convivía con la sensación de que me faltaba algo. Confieso que por momentos me sentía como un sapo de otro pozo con tanto pensamiento existencialista y al final, terminaba creyendo que se trataba de mi inconformismo y yo que éramos inseparables.


Pero pasaba un tiempo y yo volvía a la carga (¡hoy me lo agradezco tanto!), sospechaba que la vida tenía que tratarse de algo más que la rutina, las responsabilidades o el vacío que se siente al final de un día donde todo lo que hiciste fue cumplir con lo que “se espera” que cumplas.

Nunca me conformé simplemente con existir, vivir. Yo estaba convencida (y lo sigo estando) de que la vida merece ser vivida de forma extraordinaria. Siempre me decía a mí misma: “no me quiero ir de este mundo sin hacer lo que vine a hacer, sin dejar mi huella, sin vivenciar la sensación de sentirme “como pez en el agua”.


Unos cuantos libros de autoayuda más tarde, me permitieron ponerle palabras a lo que sentía y poder hablar de propósito de vida o la razón por la cual hacemos lo que hacemos, donde se manifiesta nuestra esencia.

Saber por qué sentía lo que sentía fue un alivio, pero no cambiaba nada. Lo primero con lo que me encontré fue con otra duda existencial y el diálogo interno era más o menos así:

- “Ah, entonces me estoy sintiendo así porque no estoy pudiendo manifestar mi propósito. Ok ¿y cuál es mi propósito? ¿Viene tatuado en la espalda y nunca lo vi? ¿Cómo se descubre?”

Tomé cursos, busqué mentores, terapias alternativas, sin embargo, algo que descubrí es que estaba tan condicionada por el “deber ser”, lo que los demás esperaban, lo que se supone que una Psicóloga debía Ser y hacer, que dudaba de todo, incluso de mí.


Mi frustración venía de haberme alejado durante mucho tiempo de quien realmente era para ser alguien que se comportara de acuerdo a lo que los demás esperaban y no solo me refiero a personas sino mandatos propios o ajenos que vamos incorporando a medida que crecemos y nunca cuestionamos, sino que le damos categoría de verdades: “esto es así”.


De un tiempo a esta parte, algunos de mis mayores aprendizajes fueron:


  • El compromiso más importante es con uno mismo. Si uno no hace su parte, nadie lo va a hacer por nosotros.


  • El propósito de vida no es una fórmula complicada ni está guardada bajo siete llaves. Tampoco esperes que alguien más venga a decírtelo. Está en nosotros, manifestándose de manera simple en los momentos donde disfrutamos, en las cosas que nos dan felicidad, en esas actividades en las que el tiempo pasa sin darte cuenta, en lo que otros aprecian de vos y destacan como fortalezas o talentos…siempre está ahí, somos nosotros que tenemos que aprender a reconocerlo.


  • Para reconocerlo, hay que tener el valor de dejar de cubrirlo con los mandatos, con el deber ser y las excusas que repetimos una y otra vez simplemente porque creemos que las cosas "son así” o lo que es peor aún, “somos así”.


  • Pasar a la acción. Saberlo reconocer es tan importante como poderlo manifestar. Siempre te va a parecer que mañana (cuando tengas o seas X) va a ser un mejor momento para dedicarte a tu propósito, ya sea descubrirlo o ponerlo en práctica. Lo cierto es que, desde mi propia experiencia, la mayoría de las veces este pensamiento tiene más que ver con el miedo a lo desconocido, al que dirán, a la incertidumbre de lo que va a pasar, que con otra cosa. Lo dice una perfeccionista que siempre piensa que las cosas se pueden hacer mejor. Claro que sí, pero para esto hay un dicho que me encanta (me sale la chica de Pueblo) y dice más o menos así: “Con el andar del carro se acomodan los melones”.


Algunos Tips que a mí me ayudan:


Cuaderno de notas: Puede ser útil para anotar los “insights” o momentos de inspiración. A mi me gusta llenarlo de colores, fotos y recortes de todo lo que todavía no puedo expresar con palabras.

Acompañarse: Los extremos no suelen ser buenos en momentos de búsqueda e introspección. Cuando me invade la ansiedad me sirve recordar que son varias capas de condicionamiento que tenemos que “pelar” (como las capas de una cebolla). El proceso puede ser lento y doloroso, por eso es fundamental acompañase amorosamente, sin juzgarse. Mi mantra: “Lo estoy haciendo lo mejor que puedo en este momento.”

Las emociones: puede ser una buena guía para mantener la búsqueda simple y no caer en la parálisis por análisis: ¿Qué cosas me dan felicidad? ¿Qué cosas me hacen sentir bien? ¿De qué cosas disfrutaba cuando era chica?

Películas que inspiran: Si todavía no la viste, una de mis preferidas en relación a esta temática es: La vida secreta de Walter Mitty.


Soy consciente que aún me falta mucho por recorrer, sin embargo, desde que estuve dispuesta a soltar mandatos ajenos y reemplazar viejas creencias, tengo más espacio para las experiencias que sí elijo tener en mi vida y mientras escribo estas palabras pensando en que podrían estar inspirando a alguien del otro lado, todo, pero absolutamente todo lo recorrido hasta acá, valió.



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